«Las mujeres que son madres siguen renunciando»

Aunque aún no es una fecha que consiga abrir el telediario, como recordaba esta mañana Laura Baena, la presidenta de la asociación Yo No Renuncio, el 23 de marzo es el Día Nacional de la Conciliación de la vida personal, familiar y laboral y corresponsabilidad en la asunción de responsabilidades familiares. ¿Y por qué?

El Club de Malasmadres abandera la lucha de la asociación Yo No Renuncio.

Porque las madres, y también algunos padres, siguen renunciando, a falta de unas medidas que permitan conciliar la vida laboral y la familiar.

Porque en una situación de pandemia, tras un año de crisis sanitaria y situación excepcional, las soluciones para las familias han brillado por su ausencia.

Porque la corresponsabilidad sigue siendo la asignatura pendiente de nuestro país (y de tantos otros).

Y así lo cuenta Elixabet Santos, una emprendedora que tuvo que dejar su trabajo al nacer su primer hijo y que, ahora, trata de encontrar la forma de compaginar su vida familiar con la laboral:

Me encanta ser madre. Mis hijos son la alegría de mi vida. Pero ser madre también ha hecho que deje, al igual que les ha ocurrido a otras muchas mujeres, muchas cosas por el camino. Cosas necesarias. Cosas que intento recuperar.

Me quedé embarazada de mi primer hijo hace cinco años, cuando trabajaba en una panadería. Mi contrato de trabajo terminó cuando me faltaban dos meses para dar a luz, y ese fue mi último día. No me renovaron. Así que me dediqué a cuidar de mi hijo, y lo cierto es que lo hice tranquila, sin la presión de pensar en una cuenta atrás para tener que dejar a mi bebé e incorporarme al trabajo. Entonces me sentí muy afortunada, pero un tiempo después…

Cuando quise reincorporarme al mercado laboral, me di cuenta de que era incapaz de compaginar los horarios con el cuidado de mi hijo, a no ser que me gastase el sueldo en guardería, lo que tampoco me compensaba. La realidad a la que me enfrenté apagó bastante mi felicidad, porque necesitaba algo más, necesitaba seguir creciendo. La imposibilidad de encontrar un trabajo que pudiera compaginar con la crianza de mi hijo me empujó a hacer un curso con el que aprender un nuevo oficio y salir de la rutina. Las mujeres que son madres siguen renunciando.

Al poco tiempo me quedé embarazada de mi segunda hija. La ilusión por el bebé hizo que me animase a apuntarme a un nuevo curso, esta vez de costura, con un grupo de amigas y, ahí, descubrí la forma de compaginar mi vida laboral con la familiar: el emprendimiento.

Empecé cosiendo ropa para la pequeña que venía de camino, luego para amigas y conocidas, a las que solo cobraba las telas, pero cada vez tenía más encargos y acabé por ponerle nombre a mi pequeño taller, un nombre que me había acompañado desde el principio de esta aventura que comenzó (y continúa) con una maravillosa maternidad: My pelirroji, en honor a ese primer hijo.

My pelirroji se ha convertido en mi proyecto personal, mi manera de sentirme realizada más allá de la maternidad, de ser fiel a mi esencia más que nunca, con una actividad que me llena, que me permite avanzar y trabajar sin dejar de criar y cuidar a mis hijos. Aunque de momento no puedo vivir de ello, es lo más parecido que he encontrado a la conciliación de mi yo-madre y mi yo-mujer.

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